Orden Poético-Literaria Juan Benito Orden Poético Literaria Juan Benito       
   
 
Página de Inicio
 
 
     
     
     
  BASTIAN ST. CLAIRE  
     
     
     
 
bASTIAN sT. cLAIRE   

Hay muchas cosas para las que no soy bueno.

Bailo bastante mal porque, al contrario de las personas que poseen tronco y extremidades, yo tengo tronco y raíces. Por la misma razón (por ser duro y de madera), era pésimo en futbol y mis sabios padres me lo quisieron aclarar a temprana edad. De ahí que, mientras mi amigo Edgardo tenía el inmaculado equipito oficial de Independiente de Avellaneda, yo no tenía el de River Plate del que era hincha sino que me disfrazaban de árbitro. ¡De árbitro! Para colmo era en el tiempo en que se vestían todo de negro así que parecía un All Black, pero en versión flacuchento.

Quise tocar instrumentos y me enamoré de la guitarra… y la guitarra me abandonó. Quería apretar una cuerda y pisaba tres, un desastre. Esa historia romántica no funcionó y, pensándolo bien, fue el primer fracaso amoroso de mi vida.

Como cualquier niño, me enamoraba de todo tipo de arte, y me desenamoraba tan rápido como si de un mujeriego que conquista alguien distinto cada fin de semana se tratara.

Un día cayó entre mis deditos una revista de historietas llamada “El Tony”. Esas revistas las compraba mi padre, juntos íbamos a una librería llamada “Pirámides” a practicar la milenaria técnica fenicia del 2×1, Así conocí ésa y muchas otras, como “D´artagnan”, “Fantasía” o “Intervalo”, por ejemplo.

Haciendo memoria creo que fue a mis nueve años, en 1985. No es que sea memorioso, de hecho soy justo lo contrario. Sencillamente lo recuerdo porque aquel año sufrimos el segundo peor terremoto de la historia de la provincia (Mendoza) y, cuando huimos sin rumbo en auto, mi padre llevó revistas para hacer más llevadera la tragedia.

Solía reírme con “Pepe Sánchez” el torpe agente argentino de inteligencia o “Mi novia y yo”, historieta donde la mascota, un pastor alemán, pensaba cosas graciosas. También me fascinaba el guerrero sumerio “Nippur de Lagash” y “Gilgamesh, el inmortal”, basada en la epopeya sumeria homónima.

En la escuela mi señorita nos había enseñado a calcar así que copiaba los héroes y villanos como hobbie.

Debajo pueden ver una de mis obras calcada en la tapa de un cassette de videojuegos de la otrora Talent MSX, computadora que todavía conservamos.

Al tiempo dibujaba mis personajes favoritos a mano alzada y no tardé en ponerle globitos con mis propios diálogos, creando así mis pequeñas historias.

Así, “sin querer queriendo”, como dice el Chavo, conocí el amor de mi vida: la escritura. Y acá estoy, con cuarenta y tantos escribiendo todo tipo de material. Sin los errores ortográficos de infante, pero con el mismo amor y fascinación. Con ese bagaje que da el recorrer una ruta con tentadores atajos y satánicos peajes, sin perder mi alegría de niño. Niño que conoció una revista y allí empezó a caminar.

 
     
     
     
   
     
 
 
   
             
     
C: